lunes, abril 01, 2013

Golondrina Migratoria (O cómo nunca en este insondable siempre)



Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
A. Pizarnik


Irónicamente el yerro de todo lo no vivido
nos arroja a deambular perdidos en la condena de amarnos
a inventar el urdimbre de la piel entre sombras
a ciegas
en alerta absoluta el instinto entre el humo del silencio

el olfato atento al despuntar de la melancolía.
E intrépidos
ante un asirnos infatigable
con los dedos carcomidos
justo al borde del desgarro del olvido.

Arrastrados por morder el nubarrón de polvo
de la tormenta que nos centrifuga

ahogándonos en el tormento espeso de desearnos

con manos y pies como ventosas cada hora
noche a noche
hermosos briagos sin otro destino que el cazarnos vivos

tambaleantes en el intento de asirnos ambos
como salvajes nunca domesticados
aunque sea a partir de un profundo inhalar
compulsivo

fibrilamos
desvario en íntima convulsión
cuando se eleva la tolvanera prolongada de cada golpe al esculpir
la caricia oculta en el desbordado verso
donde desnudamos nuestra tersa e insaciable dermis
letra a letra.

Entregados
cuidadosos a cada latido que emite la mísera lejanía
con sangre seca
costra que ya no escurre ni humedece
sólo un hilo de incertidumbre en la comisura de la boca sedienta
hambrienta
del ardor que despide nuestra carne atrincherada
entre mordiscos.

Sangrar de la entraña seca de tanta lentitud al no tocarnos

aúllo

que sólo escucha la aspereza viva de la piel
deshidratados
ante la tortuosa sed casi inhuman de palpitar aislados

                       Erguidos mis pechos
dunas del desierto abrasivo abierto
expuesto
al amanecer del incendio de tu mirada

vibrante cordillera de arena
sepia tersura estimulante
a la espera
de la lascivia del aleteo de tu olfatearme eternizado.

Continuado letargo a la puerta del burdel de tu tardanza
a sabiendas de agonizar
como flor abierta
ante la exposición de tu íntimo irradiar calor
abrasivo
sahariano

Y locos
agudos
y perdidos en el revivir
lo más primitivo de nuestra memoria oral
de instinto enajenado por preservarnos

entregados a un reinventar nuestro abrazo
bellamente invertido o tiernamente descomunal
paradójico
arrebatado
como rojizo cielo en incendio de llamas de luz
por escasos segundos
en algún desértico verano a orillas de nuestra tropical perdición.
Entretejido el agonizar de nuestro instinto
hasta anudar nuestros intestinos

los dedos como testigos olfatean
un licuar cuidadoso
del flujo del manantial de borbotones de libertad
con gusto a suave néctar
que emana de entre la piel encarnada al supurar suspiros

mudo gemido
abierto rugir lento.

No te extrañe saber que también me ha escupido la cama
las sábanas y el viento
pronunciando el aro de cada pupila dilatada
sólo fijas en la oscuridad de tu lejanía

en un divagar permanentemente sonámbulo

y en esta ignota agonía de despertar de madrugada
en medio de un grito
suplicando con las cuencas desorbitadas
como de naúfrago que emerge ávido
urgido
por el trago salitroso de una bocanada de besos frescos

un ir fantasmagórico
desplazándose entre un inmenso mar de rocas
más pesadas aún
que el páramo yerto de este eterno invierno
en el que sólo me estabiliza el avivar la llama
ardiente
de la calidez de tu voz
-que pretendo-

me sostiene.




y ahógame en tu lecho ardiente ¿Sí?rt
1/IV/2013. D. F.

Imagen: A. López
Letras: yguana rosa

Claro que la soledad no viene sola.
Mario B.











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