lunes, febrero 04, 2013

Cuenta Cuentos XXV (O pesadilla recurrente)






Cuando me olvidas en el último cajón de la indiferencia
te veo desahuciado en el poso seco de mi deseo
te sé perdido
cuando me pierdo

sucios remontamos la nada y un silencio maldito
entre el aluvión de mordazas
con que me excomulgas y lanzas
hasta donde pueda seguir intuyéndome tu olfato.

Y entonces salto al vacío
vacía de temores en el aliento acre del desvelo
-temores que jamás se precipitaron en la nada-

roía entre musgo seco
-perturbada por el cuánto solía morder tu boca hecha beso-
lamía en alguna corteza húmeda por el rocío
-y era sucumbir hambrienta de ti-
y en el cementerio de lamentos de cualquier refugio de perros
me desterraba en la tristeza del nunca más

cada sueño se sofoca entero
y mórbida me deshauciaba buscando letras de fantasía inútil
en el intento de entrar en la oscuridad obscena del olvido anticipado
-que nunca llegó a ejecutar la guillotina del final
afortunadamente-

olvidé que me bebías a cuenta gotas
y te reconstruía en cada paso donde creció nuestra complicidad
tú 
intemporal en mi memoria
inmenso y bravo como el Pacífico

jamás
acabo de saciar esta sed que con maestría
ligaste a mi manera de naufragar entre la corriente de tu silencio

y hubo noches donde maldecíamos
y también levitamos entrelazados expuestos al rechazo
-no nuestro-
expulsados sin agotar el denso sudor
sentenciados a dolernos y morder nuestra vehemencia

nunca fue certeza la promesa que viajo implícita
porque entre la dimensión de desquiciarnos
sólo nos bastó husmear e ignorar
el resto del despecho que resollaba desolado y vivo.

No claudiquemos
y vayamos una paso adelante del laberinto que
entraña la soledad de nuestro corazón expuesto
-hilvanemos la vitalidad de nuestros órganos
en medio de la oscuridad callada-.

Ahoga mi prisa pero anuda mi tobillo al voladero
¡Sí!
Anega mi agonizar mientras elevo tu palpitar más y más
cada rescoldo del deseo lo lavaré con el verso húmedo que destilo
al borde del precipicio donde me coloca tu empuje intempestivo

entra y sal por una eternidad
con más luminiscencia
anuda tu caos en mi vientre
mírame sin parpadear como lo hago yo
cuando nos alerta e invade el ritmo de todas las mareas

rememos al unísono náufragos en nuestro maremoto
hasta que éste nos escupa con repugnancia
en el desierto íntimo de nuestra cálida playa

y cuando te acune adhiérete a mí
y desinhibe de conceptos
la tan necesaria calma final de nuestra noche
cada noche.




encontré en un nido el sonido oculto.rt
4/II/2013. Sobre piedras aledañas descansamos

Imagen: Roberto H
Letras: yguana rosa

http://www.youtube.com/watch?v=dsWWs7An6ME

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